INFIDELIDAD Y ADULTERIO
Desde siempre el adulterio y la infidelidad a la propia pareja, en todas las culturas, ha sido considerado como algo malo, indigno y rechazable. Tanto para creyentes, que lo han tenido como pecado (ofensa grave) a Dios y a su santa Ley; como para ateos e increyentes, que lo han tenido como deshonor, ofensa personal e indignidad.
La Sda. Escritura, en ambos Testamentos, expresa la voluntad divina, sin ambigüedad alguna y lo condena claramente. En un texto poco conocido del Libro de la Sabiduría, se muestra el correctivo, que ya en la vida presente, acarrea este pecado, no solo en los que lo cometen, sino también en su descendencia: "Los hijos de los adúlteros no llegarán a la madurez, y la prole ilegítima desaparecerá. Si llegan a viejos, nadie les hace caso, al fin tendrán una vejez ignominiosa; si fallecen antes, no tendrán esperanza ni quien los tranquilice el día de la sentencia; el final de la gente perversa es cruel" (Sb 3.1-19).
Jesucristo el Hijo de Dios, verdad absoluta, se compadece de la mujer adúltera pero reafirma la maldad objetiva y subjetiva: "Yo tampoco te condeno, pero no peques más".